Cristo y el tiempo

Nuestro cómputo del tiempo nos cuenta los años a partir de un

punto fijo, en progresión numérica hacia el futuro, como hicieron por

ejemplo, Sexto Julio Africano a partir del siglo III d.C; o el

calendario judío, que cree poder fijar cronológicamente la creación

del mundo en el ano 1 y, desde ahí, contar simplemente en

progresión numérica. En cambio, nuestra datación no parte de un

punto inicial, sino de un centro. Y ese centro es un hecho accesible a

la investigación histórica y que se puede fijar cronológicamente, si

no con toda precisión, al menos en el lapso de unos pocos anos: el

nacimiento de Jesús de Nazaret. De ahí parten dos numeraciones de

sentido opuesto, una hacia el futuro: «después de Cristo », y otra

hacia el pasado: «antes de Cristo». La numeración que se remonta

al pasado no llegó a imponerse hasta el siglo XVIII. Antes,

concretamente en la Edad Media, se solía emplear el sistema

introducido el año 525 por el abad romano Dionisio el Exiguo, que

contaba los año a partir del nacimiento de Cristo como «ani Domini»

(= años del Señor). Por el contrario, hasta el siglo XVIII, el tiempo

anterior a Cristo no se contaba a partir del nacimiento de Jesús, si

no que esos anos se databan, según los viejos calendarios de las eras

del mundo, a partir de la creación.

Desde el punto de vista teológico, lo mas interesante y decisivo no es

el hecho de que, a partir de Dionisio el Exiguo, se hubiera

considerado el nacimiento de Cristo como punto inicial del computo

hacia el futuro, igual que, ya antes, en Babilonia, se contaban los

años a partir de la conquista del país por Seleuco Nicanor, o en

Roma a partir de la fundación de la ciudad y, mas tarde, desde el

acceso de Diocleciano al trono imperial. Lo verdaderamente decisivo

es, más bien, que desde hace solo dos siglos solemos contar los años

a partir del nacimiento de Cristo tanto hacia el pasado como hacia el

futuro. Solo así se puede considerar el acontecimiento Cristo como

centro cronológico de todo el acontecer histórico. Por consiguiente,

aquí no se parte de un comienzo de la historia. Según ese computo,

el comienzo esta, mas bien, en un punto indeterminado de la línea

que se remonta hacia el pasado, igual que el fin se sitúa en un punto

indefinido de la línea que avanza hacia el futuro, ya que en ambos

sentidos se abre la posibilidad de una numeración ilimitada. Si

consideramos el curso cronológico de esa línea, resulta que la

numeración mas alta de los anos anteriores a Cristo va decreciendo

hasta un teorizo numero 1, mientras que, al revés, la numeración de

los años posteriores a Cristo va creciendo desde el numero 1 hasta

números siempre más altos.

 


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