Jesús de Nazaret

El volumen presente no es un “libro de texto”, sino “de textos”.

Su misión es presentar al lector de un modo ordenado los

pasajes, tomados en general de los evangelios tanto canónicos

como apócrifos, y con pocas excepciones de otros autores de la

literatura cristiana primitiva (como Hechos apócrifos de los

apóstoles, Justino Mártir e Ireneo de Lyón)., que hacen aparecer

ante sus ojos las “mil caras de Jesús”: cómo se veía él a sí mismo

–según los evangelistas- y cómo lo vieron sus discípulos, sus

amigos y sus enemigos. El libro representa así el punto de vista,

variadísimo, del cristianismo primitivo sobre cómo era Jesús.

Como hemos indicado en nuestra obra Los cristianismos

derrotados (Edaf, Madrid, 2008)., unos doscientos años después

de la muerte de Jesús, un observador imparcial que se paseara

entre los cristianos podría observar entre ellos una gran

unidad, cierto, pero también la existencia de bastantes grupos

diferentes al “ortodoxo” o mayoritario.

En total quizás pudiera distinguir unos diez cristianismos

diferentes, aunque luego –fijando más su atención- caería en la

cuenta de que esa diferenciación procedía de tres troncos

principales: el judeocristianismo palestinense, formado en

general por lo seguidores inmediatos de Jesús, el

judeocristianismo helenista que pronto sería absorbido por su

corriente principal, el cristianismo paulino, y la corriente

gnóstica. Estos son lo grupos que se reflejan en los textos que

presentamos.

Este libro apenas tiene comentario alguno, sino algunas

aclaraciones, al principio y al final de los textos, cuando

proceda, de modo que el lector pueda situarlo en su contexto y

entenderlo mejor. La idea central es dejar –cómoda y

ordenadamente- al lector ante los textos que nos ha legado la

Antigüedad sobre un personaje complejo y fascinante en sí

mismo, como todos los hombres grandes, en sus

repercusiones en la historia del mundo, sobre todo en

Occidente. Algunos de los textos han de repetirse

necesariamente ya que contienen múltiples ideas interesantes

para nuestro objetivo. En la segunda repetición se procura

acortar el texto dejando sólo lo esencial para el epígrafe

respectivo.

A alguien le podrá parecer que algunos textos, o incluso

apartados, son un tanto forzados. En realidad no es así, porque

–salvo contadas ocasiones—el esquema organizativo estaba

muy bien dibujado en mi cabeza antes de concretarlo en textos.

Ocurre, sin embargo, que muy a menudo los antiguos, al igual

que los modernos, no dicen las cosas directamente. Hay que

“estar en el ambiente” para captar plenamente la intención de

algunos pasajes. En estos casos, los epígrafes o alguna

indicación mía en cursiva podrán indicar el camino para una

verdadera intelección de un texto determinado.

La variedad de textos presentados han salido de múltiples

manos, con mentalidades muy diferentes y en momentos muy

diversos –desde la segunda mitad del siglo I d.C. hasta los siglos

VI y VII (pocos casos; y siempre pensando que el material

reelaborado por el texto conserva recuerdos cristianos

anteriores).- y van aparentemente en pie de igualdad puesto

que no se hacen diferencias tipográficas en su presentación.

Ello no quiere decir que el autor de esta selección otorgue el

mismo valor como fuente histórica a todos ellos. Ni mucho

menos.

Este último aserto me parece tan importante que es

conveniente insistir en ello: no vale lo mismo para reconstruir al

Jesús histórico el material contenido en los evangelios más

antiguos –que coinciden con los aceptados por la Iglesia—

debidamente sometidos a la critica filológica e histórica que el

fantasioso material que la reinterpretación de Jesús ha ido

acumulando a partir del siglo II hasta el XI más o menos.

En la inmensa mayoría de los casos –salvo el Evangelio de

Tomás gnóstico, la base reconstruible del Evangelio de Pedro,

algunos fragmentos papiráceos antiguos— estos textos, luego

declarados apócrifos no tienen valor histórico alguno. Pero no

es la intención de este libro reconstruir el Jesús histórico, sino

mostrar la variedad del cristianismo primitivo, sobre todo

desde finales del siglo I hasta el V. Y desde el punto de vista de

la especulación teológica, no de la ortodoxia, tales textos valen

para mostrar la diversidad del cristianismo. Al fin y al cabo, para

un historiador de la antigüedad, las reinterpretaciones

teológicas, tanto ortodoxas como no ortodoxas tienen el

mismo valor en un aspecto: son muestras de la evolución del

pensamiento cristiano; pero no juzga si se acercan a la verdad

histórica o no.

En consecuencia y para tranquilidad de algunos lectores, afirmo

que en líneas generales –no siempre- contienen un material

mucho más fiable aquellos textos que fueron compuestos

relativamente cerca de la vida y andanzas del Jesús que caminó

por Galilea y Judea predicando la cercanía del reino de Dios que

los más tardíos. Esto quiere decir que son más fiables los

evangelios canónicos –a excepción del de Juan que es una

reescritura muy peculiar de la tradición sobre Jesús con el

añadido de breves pinceladas históricas interesantes—que los

apócrifos, posteriores y más dados a la reconstrucción

fantástica de los huecos dejados por la historia.

Como he señalado en el “Epílogo” de mi obra Jesús. La vida

oculta (Esquilo, Badajoz, 2007)., estos últimos suelen ser

leyendas populares unas veces forjadas anónima y

vulgarmente; otras, compuestas conscientemente como

leyendas en la soledad de algún escritorio por alguna persona

consciente de estar fabricando historietas edificantes. La

principal razón para no atribuirles valor histórico es su

escritura tardía.

Habían pasado ya tantos años desde la muerte de Jesús, que de

los años de su vida oculta no quedaba ningún testimonio

fiable…, entre otras razones porque no se empezaron a

recoger noticias sobre él sino después de su muerte y

especialmente cuando se afianzó su culto como persona divina,

trascendental para la salvación de la humanidad. En esos

momentos no quedaba memoria fiel de los años de su infancia

–sin importancia práctica para los creyentes- y todo lo

importante de los otros instantes de su vida había sido

recogido por los “evangelios oficiales”.

Pero la multiplicidad de opiniones sobre cómo era Jesús siguió

adelante. La gran batalla por la imagen de un Jesús “canónico”

se dio entre los diversos grupos de cristianos desde el

momento mismo en el que empezaron a difundirse los

evangelios y hechos de los apóstoles tardíos (desde la mitad del

siglo II y sobre todo en el siglo III)., documentos que hacían la

competencia a los evangelios que iban adquiriendo el rango de

canónicos o sagrados: los de Marcos, Mateo y Lucas, por una

parte, y más tarde el de Juan.

Por parte de los cristianos ortodoxos hubo desde entonces, y

hasta los siglos VI-VIII, una lucha a muerte por aniquilar a los

apócrifos y desterrarlos de las iglesias oficiales. A veces se

intentaba también manipularlos y expurgarlos sustituyendo las

antiguas versiones por otras más concordes con el

pensamiento teológico ortodoxo. El éxito de esta tarea

aniquiladora se muestra en la extrema escasez de textos

evangélicos que procedan del judeocristianismo palestinense:

sólo fragmentos que ocupan menos de quince páginas.

Por suerte, parte de esos evangelios apócrifos, los de la tercera

tendencia cristiana primitiva, la gnóstica, ha permanecido

intocada hasta nuestros días, puesto que se descubrieron por

casualidad hacia 1945, en regular estado de conservación, pero

sin enmiendas ni añadidos… y así han sido

editados(Véanse Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi I-III,

Trotta, Madrid, 42011 y Todos los Evangelios, Edaf, Madrid, 2010,

con diversas reimpresiones).

Espero que el lector –aunque alguna que otra vez haya leído los

textos que aquí presentamos- se sorprenda de la enorme

variedad de las perspectivas sobre Jesús que albergó el

cristianismo de los primeros siglos. Y deseo que sepa que lo

ofrecido es sólo una selección, pues de muchos apartados se

podrían presentar aún más testimonios. Que es así lo

indicamos cuando parece conveniente añadiendo un elenco

breve de textos paralelos, donde sólo se indica la obra y

capítulo más un par de palabras sobre el contenido del pasaje

en cuestión.

Antonio Piñero

Universidad Complutense de Madrid

 source: antoniopinero.com

 


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